
Antiguamente, los ricos las servían en bandeja de plata y
eran elaboradas con la mejor leche y el mejor azúcar. En los hogares más
pobres, las torrijas se hacían sin huevo, se bañaban en almíbar y, en lugar de
espolvorearlas con canela, se utilizaba azúcar. En las tabernas la torrija era
a comienzos de siglo XX muy habitual, se solía sustituir por vino, se bañaban
en huevo y se espolvoreaban con un polvillo de azúcar.
De cualquier manera la torrija tiene su origen en la cocina
de los conventos a finales del siglo XV, con
el fin de aprovechar el pan duro sobrante. Si nos ceñimos al culto católico, la
historia es que el pan representa el cuerpo de Cristo, el pan duro que
utilizamos representa pan muerto. La leche y los huevos serían los baños
necesarios para que el cuerpo resucite. La fritura, revela el sufrimiento de
Jesucristo y la torrija terminada representa la resurrección del pan muerto,
convirtiéndose en un postre. Aunque otra razón muchos mas profana seria por el
echo de aprovechar el pan duros sobrante y suplir la ausencia de carne
existente durante las cuaresmas.
La torrija aparece documentada en el siglo XV, citada por Juan
del Encina como plato indicado para la recuperación de parturientas. Las
primeras recetas se remontan al año 1607 al Libro de Cozina de Domingo Hernández de Maceras y
en 1611 al libro Arte de cozina,
pastelería, vizcochería y conservería de Francisco
Martínez Motiño.
Abrazos para: http://pusoronenito.blogspot.com,
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Imagen: http://www.entremaqueros.com
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